Merzouga, la puerta del Sahara
Merzouga es el punto donde el asfalto se acaba y empieza el desierto de verdad. Las dunas de Erg Chebbi se levantan justo a las afueras del pueblo, cambiando de color a lo largo del día: doradas al mediodía, naranjas al atardecer y casi plateadas bajo la luna. Es uno de esos lugares que cuesta describir con palabras hasta que lo pisas.
El pueblo en sí es pequeño y tranquilo, pero late con la energía de quienes vienen de todas partes a vivir lo mismo: subir a una duna, ver caer el sol y pasar la noche bajo un cielo sin una sola luz artificial.
Llegamos siempre a tiempo para subir a las dunas antes de la puesta de sol, en camello o caminando descalzos sobre la arena todavía caliente. La cena en la jaima, con música en directo y el grupo entero alrededor del fuego, es de los momentos que más se repiten en los recuerdos de quienes viajan con nosotros. Y al amanecer, muchos madrugan para ver salir el sol desde lo alto de una duna, en completo silencio.
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